Ejercicio para entrenar la vena romántica. Despertando el cupido que llevamos dentro.


 


¿Qué cuentan?

Me siento rara hablando de esto, pero ni modo. Hoy toca hablar sobre cierto asunto, con el que seguro muchos han tenido problemas a lo largo de sus historias. Por qué díganme, ¿Qué sería de una fantasía épica juvenil llena de aventuras y retos, sin el factor romance? ¿O de una novela grimdark en donde el prota solo se dedica a luchar contra la tiranía del antagonista, sin fijarse en que su amiga de la infancia ya no es la niña que abandono hace años? … Rayos, me gustó la idea. La apartare para después.

Yo sé que no es necesario eso de estar viendo corazones mientras los protagonistas se encuentran en plena acción (sino pregúntenle a Will Turner y Elizabeth Swan. Esa escena de Piratas del caribe 3 me dejo con los ojos en blanco, de lo disparatada que se veía). Vamos, que soy la primera en quejarme del exceso de drama dentro de las historias juveniles actuales; pero tampoco soy de las que subestiman el poder de una buena relación dentro de la trama. Sobre todo si esta se encuentra bien desarrollada; ya saben, con algunos problemas de por medio, pero con los protagonistas listos para ayudarse y apoyarse mutuamente. Dicho en una sola frase: un romance realista.

Por ese motivo, me di a la tarea de buscar entre mis tantos apuntes, un ejercicio que en su momento me ayudo a introducir unos cuantos corazones dentro de mis historias.

Antes de que lo suba, nada más acuérdense. No se pasen con él o sus lectores se van a dar cuenta.

Ahora sí. Pasemos a la acción.

¿Me quiere?

Para este ejercicio, les voy a pedir que tomen a dos personajes de alguna de sus historias. No importa quienes sean. Lo que van a hacer con ellos es describir una escena en donde estos por fin se den cuenta de sus sentimientos por él otro.

Deberán narrar el punto de vista de ambos, comenzando primero por cómo es que se siente él y siguiendo por el punto de vista de ella.


*Recuerden que los hombres no piensan igual que las mujeres, así que tengan cuidado con su idiolecto al momento de escribir.

Extensión: Por cada personaje de 500 a 600 palabras. La escena no puede ser más larga de 1400 palabras. Mínimo de 900.

Ambientación: La más acorde con sus historias, pero sin perder de vista el tema del romance.

Narrador: Para hacer un poco más interesante la cosa, ¿Qué les parece si mezclan la primera persona con la tercera? Jueguen con ambas, pero no vayan a confundir al lector. Acuérdense, todo con moderación.

Elementos dentro de la narración: Introduzcan los sentidos en la escena. ¿Qué siente él mientras habla con la muchacha? ¿Qué siente ella en el momento en que todo se revela?
Deben de aparecer por lo menos tres referencias a los sentidos (gusto, tacto, olfato, oído y vista).


Ejemplos: Las piernas me tiemblan tanto que, si en estos momentos se desatara un temblor, creo que no me daría cuenta. Increíble. Siento la lengua pegada al paladar. No quiero ni tragar por miedo a que todo esto sea un sueño. ¿Mi respiración es más rápida? Por dios, ¡Que ya deje de mirarme con esos ojitos de cachorro arrepentido!


Ahora sí. Les deseó una feliz escritura. A trabajar.

Y antes de que se me olvide. Si quieren compartir sus resultados conmigo, no hay ningún problema. Pueden dejarme sus ejercicios aquí abajo y con gusto los leeré.

Si les gustó la entrada o quieren más ejercicios para desatar su vena romántica, son bienvenidos a compartirla y comentarla por redes sociales o, si lo prefieren, pueden dejar un mensaje en la caja de abajo. Por cierto, ¡La newsletter sigue abierta!


Nos leemos después.

Jess Castz

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