Glosario de mitos y creaturas: el Popol Vuh (Creación de los humanos)



¡Martes! 

Qué hay lectores. Bienvenidos a otra entrada de la serie, destrozando mitos. En esta ocasión quiero platicarles de una creencia que, pese a los años sigue sobreviviendo en mi país. Esta historia posee muchas versiones y traducciones, por lo que en vez de dar datos específicos tocaré solo los puntos que se repiten a lo largo de estas. 

¿Están listos para descubrir este fragmento del mito maya?

Comenzamos.


Mito. Popol Vuh

En el comienzo de la creación, los dioses se dedicaron a separar el agua de la tierra y a dar vida a las diversas especies que hoy en día caminan la superficie. Ellos creían que los animales tenían la inteligencia suficiente como para reconocerlos como sus creadores, pero al ver que no podían pronunciar sus nombres decidieron dar forma a una creación que en verdad pudiera reconocerlos y apreciarlos.

Los primeros intentos de hombres fueron hechos de barro, y aunque no podían sostenerse durante mucho tiempo eran capaces de hablar. Claro que pronto demostraron que no había conciencia en sus palabras, así que solo sobrevivieron hasta que el segundo intento se dio. Estos nuevos hombres fueron hechos de madera y al principio se veían y actuaban mejor que los otros, pero pronto demostraron su falta de corazón y propósito. Podían hablar pero sus palabras eran vacías y no podían reconocer a sus creadores. 

Viendo aquel fracaso, los dioses enviaron una lluvia de ceniza y acabó con su existencia.
Decepcionados por sus creaciones, los dioses inundaron toda la tierra hasta que la última de sus creaciones pereció. No fue hasta que volvieron a intentar una nueva creación humana que apartaron el agua de la tierra.

Estos nuevos hombres fueron hechos de plantas de pantano, y las mujeres de espigas crecidas al borde de los lagos. Una vez más, no consiguieron reconocer a los dioses y estos, como castigo enviaron al pájaro Xecotcovah y al jaguar Cotzabalam a cegar sus vidas. Sin embargo, algunos de estos hombres lograron huir a la ira de ambos animales y se refugiaron en los arboles, donde poco a poco tomaron la forma de monos.

Los dioses se reunieron una vez más y, en esa última junta decidieron que sus creaciones debían ser hechas de carne y hueso; con corazón e inteligencia.

Mandaron llamar a el gato, la zorra, el loro y el cuervo, y les encomendaron la misión de traerles mazorcas de maíz amarillo, morado y blanco las cuales bendijeron. Las mazorcas fueron desgranadas y los granos remojados en agua de lluvia serena. Con la pulpa y el jugo fueron moldeando a aquellos seres, dotándolos de carrizos en la columna para que pudieran mantenerse erguidos. Cuando terminaron, los dioses les dotaron vida. 

Sus creaciones de inmediato mostraron la calidad de sus consciencias. En cuanto les preguntaron por su vida y el mundo que les rodeaba, estos dieron una respuesta más que satisfactoria, lo que hizo felices a los dioses aunque pronto se dieron cuenta de que estos nuevos hombres tenían demasiada conciencia. No podían dejarlos con esa claridad de mente porque podrían volverse soberbios, así que formaron una nube sobre sus ojos para que no pudieran ver demasiado. 

En la noche, los dioses se dieron a la tarea de dar vida a las compañeras de estos cuatro primero hombres, creando a los que serían los fundadores del pueblo maya Quiché. 



Dato curioso: Los nombres de algunos de los dioses creadores son Tepeu, Kukulkán y Hurakán. En ese orden representan el cielo, las tempestades y el viento, fuego y tormenta. En creencias de los mayas, Tepeu moraba en las nubes, Kukulkán era la serpiente emplumada y Hurakán tomó la forma de constelación de Orión. 

Jess Castz

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